La segunda jornada de Periplo contó con Loreto Gutiérrez Prats, José Ignacio Carnero y Margaryta Yakovenko, quienes compartieron historias sobre la superación personal, los dilemas del exilio político y las consecuencias de la ocupación rusa en la memoria y la historia familiar.
Puerto de la Cruz, 21 de octubre de 2026. El Lago Martiánez acogió ayer la segunda jornada de Periplo, con tres conversaciones que pusieron el foco en la capacidad humana para afrontar la adversidad, las consecuencias del exilio político y el impacto de la guerra en la historia de una familia. La programación principal arrancó con la periodista Loreto Gutiérrez Prats, quien desveló en Olas como montañas (obra impulsada por el Gobierno de Canarias) la conmovedora historia de Gibbi Jallow, un joven gambiano que llegó a El Hierro en cayuco con 14 años y, semanas después, quedó tetrapléjico tras ser golpeado por una ola mientras jugaba en una playa de Fuerteventura.
“El libro es duro, pero también es una lección de vida. Está lleno de momentos luminosos, porque Gibbi nos enseña a vivir con lo que no tiene remedio sin renunciar a la dignidad y al futuro”, subrayó Gutiérrez Prats. En diálogo con Nicolás Castellano, la autora recorrió tres décadas de ruta migratoria atlántica y señaló “las múltiples facetas de una realidad compleja que no admite simplificaciones, pues estas conducen a la superficialidad”, concluyendo que “una mano tendida puede cambiar las cosas y, en estos tiempos de intolerancia, son muchas más las manos de las que imaginamos”.
“La única forma de escapar de una obsesión es escribirla”. Así explicó José Ignacio Carnero el germen de Los fabuladores (Random House), en el que narró el secuestro real de un transatlántico en el Caribe en 1961 por veinticuatro exiliados españoles y portugueses, un libro marcado por el exilio y el equilibrio imposible entre la utopía y la realidad. Acompañado por Saray Encinoso, el autor indicó que “la diferencia entre un héroe y un loco es haber tenido éxito en sus propósitos”.
La jornada concluyó con la intervención de Margaryta Yakovenko, que conversó con Nicolás Castellano sobre su obra Ocupación (Seix Barral), una indagación íntima sobre la guerra en Ucrania. “Tokmak es mi infancia, el lugar en el que aprendí a andar y a hablar; uno de esos sitios que forman parte de tu geografía personal, junto a Mariúpol y Los Alcázares (en Murcia). Son lugares felices porque están ligados a la infancia. Cuando te los arrebatan —a mí me han arrebatado dos de ellos—, el dolor es profundo, porque es como si te estuvieran robando también los recuerdos”, describió la autora.

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