Madrid, 28 oct (EFE).- Reforzar la financiación de la asistencia humanitaria y mejorar la preparación de las comunidades vulnerables son dos de los principales retos para reducir las consecuencias de los desastres naturales. Así se ha puesto de manifiesto este miércoles durante una jornada de las Charlas sobre Solidaridad de la UE, dentro de la serie Kapuściński, celebrada en la Universidad Complutense de Madrid.
El encuentro, organizado por el Departamento de Protección Civil y Operaciones de Ayuda Humanitaria Europeas de la Comisión Europea (DG ECHO), ha abordado la dimensión humana de las emergencias y la necesidad de garantizar una respuesta coordinada y eficaz ante situaciones de crisis.
Durante su intervención, José Antonio Sanahuja, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid y antiguo asesor especial del alto representante de la Unión Europea Josep Borrell para América Latina y el Caribe, ha defendido la importancia de mantener el compromiso internacional con las poblaciones afectadas. A su juicio, la acción humanitaria constituye también una herramienta para proteger el multilateralismo.
Sanahuja ha advertido de las consecuencias de la reducción de los fondos destinados a cooperación internacional, en particular tras los recortes impulsados por Estados Unidos en sus programas de ayuda exterior y el desmantelamiento de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID).
El profesor ha señalado que la ayuda oficial al desarrollo registró en 2025 una caída del 26 %, que ha calificado como el mayor descenso histórico, y ha relacionado esta evolución con la desaparición de numerosos programas de la agencia estadounidense.
La coordinación internacional, fundamental ante las emergencias
La colaboración entre países y organizaciones humanitarias ha sido otro de los asuntos centrales de la jornada. Irama Ficht Muñoz, directora de proyectos de la Oficina de Ayuda Humanitaria de la UE en Caracas, ha destacado el papel de las alianzas internacionales para mejorar la capacidad de respuesta ante los desastres.
Como ejemplo, ha mencionado las iniciativas de coordinación y asistencia financiadas por la Unión Europea en Venezuela y Colombia, en las que participa un consorcio con la Cruz Roja alemana como socio estratégico, junto con las organizaciones homólogas de ambos países.
Ficht ha insistido en que la preparación debe llegar también a las comunidades más aisladas. En este sentido, ha puesto el foco en los pueblos indígenas de la Amazonía, cuyos habitantes pueden encontrarse a grandes distancias de los servicios de emergencia y necesitan herramientas para identificar riesgos y activar a tiempo los protocolos de prevención.
La responsable europea ha defendido que los equipos que intervienen en una catástrofe deben contar con niveles de capacitación comparables. Protección Civil, los bomberos y los servicios de atención primaria suelen ser los primeros en actuar, por lo que su coordinación resulta esencial, especialmente cuando las emergencias afectan a territorios de varios países.
Asimismo, ha subrayado que la formación y los recursos que se dejan en las comunidades permiten mantener capacidades de actuación una vez finalizada la intervención internacional.
La respuesta europea ante la emergencia en Venezuela
Durante la sesión también se ha analizado la actuación humanitaria tras el terremoto registrado en Venezuela en junio, un suceso que, según las cifras recogidas en la información del encuentro, afectó a más de un millón de personas y dejó 6.438 fallecidos.
Ante esta emergencia, la ayuda humanitaria de la Unión Europea destinó 15 millones de euros a cubrir las necesidades más inmediatas y movilizó a 750 efectivos de socorro.
Ficht ha recordado el impacto personal y profesional que tuvo para ella observar el despliegue de los mecanismos de asistencia en el país, una experiencia que le permitió comprobar sobre el terreno la importancia de disponer de sistemas de respuesta preparados.
Evaluar las necesidades para proteger la salud y la nutrición
Por su parte, Cristina Izquierdo, coordinadora de Salud y Nutrición del Equipo de Emergencia de Acción contra el Hambre, ha recalcado que cada catástrofe presenta circunstancias diferentes y requiere una evaluación específica antes de establecer las prioridades de intervención.
La especialista ha explicado que los equipos deben identificar, desde su llegada, cuáles son las necesidades más urgentes y qué medios tiene disponibles el país afectado para atenderlas.
En el ámbito de la salud y la nutrición, su trabajo se centra en evitar que la emergencia interrumpa el acceso de la población a estos servicios esenciales. Las consecuencias de una catástrofe van más allá de los daños en infraestructuras, ya que muchas personas pueden perder sus hogares y sus fuentes de ingresos, lo que incrementa su vulnerabilidad.
La jornada ha puesto así de relieve la necesidad de combinar financiación suficiente, cooperación internacional y formación local para mejorar la prevención y la atención a las poblaciones afectadas por las emergencias humanitarias.
