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Día internacional de la Bibliodiversidad: 21 de septiembre, un día para reivindicar la diversidad de los libros y sus voces

Alicia Luengo. Periodista, escritora y editora // 

Cada 21 de septiembre se celebra el Día Internacional de la Bibliodiversidad, una jornada que reivindica la diversidad cultural en el mundo del libro y el papel de las editoriales independientes, las librerías y los lectores, fundamentales para acercar al público nuevas ideas y otras miradas.

Hay palabras que nacen para poner nombre a realidades que siempre han estado presente, y "bibliodiversidad" es una de ellas. El término nació por iniciativa de editores independientes chilenos a finales de los años noventa y se inspiró en la riqueza y variedad de los ecosistemas naturales. La idea es sencilla: del mismo modo que la variedad de especies es esencial para mantener un ecosistema vivo, la presencia de distintas voces, ideas, lenguas y propuestas editoriales es fundamental para mantener vivo el mundo del libro.

Desde 2010, cada 21 de septiembre se celebra el Día Internacional de la Bibliodiversidad. La fecha fue creada por editores de la red de habla castellana de la Alianza Internacional de Editores Independientes y pretende llamar la atención sobre la circulación del libro como objeto cultural, pero también como vehículo de ideas. La jornada invita a participar a editores, libreros, autores, profesionales del sector y lectores.


Pero ¿qué significa realmente bibliodiversidad?

La definición más sencilla es también la más reveladora: la bibliodiversidad es la diversidad cultural aplicada al mundo del libro. No significa únicamente que se publiquen muchos títulos cada año. Implica que exista una pluralidad real de contenidos, autores, géneros, lenguas, territorios y perspectivas, y que esos libros tengan posibilidades de llegar a los lectores.

Porque un mercado puede ofrecer miles de novedades y, al mismo tiempo, ser poco diverso. La cantidad no garantiza por sí sola la pluralidad. La bibliodiversidad pone el foco también en quién publica, qué historias encuentran espacio, qué autores consiguen ser visibles, qué lenguas están representadas y qué libros logran atravesar las barreras de la distribución y llegar a las librerías.

Más allá de los grandes éxitos

En ese ecosistema tienen un papel relevante las editoriales independientes. Son proyectos que, en muchos casos, trabajan con catálogos especializados, autores nuevos, literatura de determinadas regiones, lenguas minoritarias, ensayo, poesía o propuestas que pueden tener más dificultades para competir por visibilidad en un mercado dominado por los grandes lanzamientos.

La Alianza Internacional de Editores Independientes, que actualmente reúne a más de 980 editoriales de 60 países, considera a estas editoriales actores fundamentales de la bibliodiversidad. Su trabajo no se limita a publicar libros: también contribuyen a que determinadas voces y contenidos tengan un espacio en el debate cultural.

En este punto, las librerías independientes adquieren también una importancia que a veces pasa desapercibida. El librero puede recomendar un título que no ocupa las listas de los más vendidos, colocar en un escaparate a un autor desconocido o construir un fondo en torno a una determinada tradición literaria. Es decir, puede funcionar como un mediador entre la diversidad existente y el lector.

La bibliodiversidad, por tanto, no depende únicamente de quienes escriben o publican. También depende de quienes distribuyen, venden, recomiendan, traducen, leen y comparten los libros.

Una cuestión de acceso

Hablar de bibliodiversidad es hablar asimismo de acceso. De poco sirve que exista una obra si resulta prácticamente imposible encontrarla.

La concentración empresarial, las dificultades de distribución, los costes de la producción, la limitada presencia de determinadas lenguas o la escasa visibilidad de algunos catálogos son algunos de los retos que afectan a la diversidad editorial. La propia Alianza Internacional de Editores Independientes trabaja sobre cuestiones como las políticas públicas del libro, la edición digital, las traducciones, las coediciones y los modelos económicos de las editoriales independientes.

La revolución digital ha ampliado las posibilidades de publicar y acceder a contenidos, pero no ha eliminado necesariamente las desigualdades. Tener la posibilidad técnica de publicar un libro no significa automáticamente que ese libro vaya a ser descubierto, distribuido o leído.

Y en ese escenario aparece una pregunta cada vez más importante: ¿quién decide qué libros vemos?

Durante décadas, esa selección estuvo condicionada por los editores, las distribuidoras, los libreros y los medios de comunicación. Hoy intervienen también plataformas digitales, sistemas de recomendación y algoritmos. La facilidad para acceder a millones de contenidos convive con el riesgo de que determinadas obras queden ocultas entre una cantidad inmensa de novedades.

La diversidad empieza por las historias que elegimos leer

La bibliodiversidad no es únicamente una reivindicación del sector editorial. También interpela a los lectores.

Elegir de vez en cuando un libro de una pequeña editorial, descubrir a un autor local, acercarse a una obra traducida, leer en una lengua diferente o entrar en una librería independiente son acciones sencillas que contribuyen a ampliar el ecosistema cultural.

No se trata de enfrentar unos libros con otros ni de considerar que una editorial grande no pueda ofrecer diversidad. Se trata de comprender que la pluralidad cultural necesita de muchos actores y de diferentes vías de circulación. La propia definición de la Alianza subraya que la bibliodiversidad no se mide simplemente por el número de títulos disponibles.

En un momento en que la producción cultural se encuentra sometida a procesos de concentración y a nuevas formas de intermediación tecnológica, la pregunta por la diversidad adquiere una nueva dimensión.

Cada libro abre una posibilidad. Una historia que todavía no conocemos. Una lengua que quizá nunca hemos leído. Una perspectiva que puede cuestionar nuestras certezas. Una voz procedente de un territorio que rara vez aparece en los grandes escaparates.

Eso es, en esencia, la bibliodiversidad: que el mundo de los libros se parezca a la complejidad del mundo que habitamos.

En este camino también se encuentra Isis Hathor Publishing, que celebra su primer año como editorial independiente. El proyecto, impulsado por la autora, periodista y editora Alicia Luengo, nació con la intención de crear un catálogo diferente y dar cabida a autores y obras que aporten nuevas voces y miradas al panorama editorial.

Un primer año en el que la editorial ha apostado por acompañar a sus autores de cerca y entender cada publicación como un trabajo compartido. Una apuesta por construir, poco a poco, un catálogo propio y diverso, en el que los autores también forman parte de ese esfuerzo por hacer llegar nuevas historias a los lectores.

Porque la bibliodiversidad también se construye así: con proyectos independientes, autores que se implican en el proceso y lectores dispuestos a descubrir nuevas historias.



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